6/12/2026

Cuba: el turismo sufre la inmensa pena de su extravío (I) Por RAFAEL CABALLERO, presidente editor Grupo Preferente


El comandante en jefe le encargó a Abraham Maciques, primeros años de los 90, la puesta en marcha de un ambicioso plan de revitalización del turismo cubano. El líder supremo pretendía un proyecto a lo grande, integral, modélico y que se implantara de forma rápida para que Cuba compitiera sin demora con el Caribe mexicano y con República Dominicana. Osmany Cienfuegos Gorriarán, destacado dirigente y hermano mayor del mítico Camilo, ejercía de ministro de Turismo. Pero el elegido por Fidel Castro para el lanzamiento de la industria turística cubana fue Maciques, excombatiente en la ciénaga de Zapata, respetado por la cúpula castrista, apreciado por sus subordinados y un eficaz gestor (Cuba: las hoteleras formalizan su salida de Gaviota).

Abraham Maciques, “el polaco” Maciques, no tardó mucho en configurar en torno al Grupo Palco una importante red de alojamientos, restaurantes, salas de fiestas, agencias de viajes y de publicidad, autocares y taxis con sello e identidad propia. Se rodeó de un gran equipo que entusiasmó por su profesionalidad a los inversionistas y a los asesores extranjeros. Renovó por completo los hoteles de Cubanacan e impulsó la creación de hoteles en La Habana, Varadero y Camagüey, entre otros destinos, pero básicamente en la capital y en el principal polo turístico. El gran hito de Maciques fue sin duda la creación del Meliá Cohiba, el establecimiento hotelero que dio lustre por lustros a la hotelería cubana.

La encomienda no fue tarea fácil. Cuba vivía el llamado “periodo especial”, con escasez de combustible y de materias primas tras la marcha de Rusia (aunque nada que ver con la situación actual). Así y todo, y sin apenas alimentos, Maciques abrió El Algibe y los Palmares; creó los taxis OK (casi todos de la marca Mercedes); y, además de abrir oficinas de Cubanacan en distintos países, se ganó la confianza del primer hotelero español. Igualmente captó a los mandamases de la francesa Accor, de la alemana LTI y de la jamaicana Sandals —pionera del todo incluido—, entre otros. También fichó como asesor al malagueño Luis Callejón. Pero el punto de inflexión de Hoteles Cubanacan lo alcanzó sin duda alguna tras unirse a Gabriel Escarrer.

El hotelero mallorquín aterrizó en Cuba de la mano del lanzaroteño Enrique Martinón y del tinerfeño Ricardo Reyero. El acierto de Escarrer Juliá fue nombrar responsable de Sol Meliá en Cuba a Gabriel Cánaves. Maciques y los miembros de su staff congeniaron mucho con Cánaves, quien compatibilizó el cargo con su puesto de director de recursos humanos de la cadena. El impulso del Meliá Cohiba, primero, y del Meliá Habana, después, fue clave para la hotelería habanera. El desarrollo en Varadero fue también notable. A rebufo de Sol Meliá vendrían luego Riu, Bahia Principe, H10 y otros que no duraron mucho en el país porque convivir con los burócratas cubanos era muy complejo. Y estresante.

Primeros años del Cohiba, finales de los 90.

Martinón Armas apostó fuerte por Cubanacan y por Cuba. El empresario canario y Fidel Castro empatizaron rápidamente. A nivel ideológico estaban en las antípodas, al igual que Escarrer y todos los demás empresarios, pero ello no fue óbice para que mantuviera frecuentes y prolongadísimas conversaciones. Invirtió mucho dinero en establecimientos de Varadero y La Habana y se implicó en la llegada al país caribeño de Aguas de Barcelona. Martinón acabaría dejando Cuba tras la etapa fértil de Maciques y por un episodio vivido con el nuevo presidente de Cubanacan y que nunca fue suficientemente aclarado. Martinón se retiró a República Dominicana y forjó un imperio hotelero.

La rehabilitación de La Habana Vieja se la encomendó Fidel Castro al historiador Eusebio Leal, ilustrado y no solo apreciado por la nomenclatura castrista. Reconstruir La Habana Vieja, el barrio más lindo de Hispanoamérica, el “reparto” más elegante del nuevo continente, era una tarea muy ardua. Las casas y palacios señoriales se caían a trozos. A Leal no le bastaban las ayudas del Estado cubano y la de otros países para restaurar tantos edificios en estado cochambroso. Para generar más ingresos, el historiador solicitó la creación de una cadena hotelera. Esta recibió el nombre de Habaguanex, y en torno a ella nacieron un ramillete de atractivos hoteles boutique.

Eusebio Leal, artífice de la recuperación de La Habana Vieja.

Antes de Escarrer había llegado a Cuba el empresario Pedro Pueyo. El dueño del Grupo Oasis, el primero en tener avión privado, se enamoró de la isla y puso en marcha un vuelo de la aerolínea de su propiedad desde Barcelona a Varadero. Pueyo tampoco duró mucho tiempo en la mayor de las Antillas, desencantado igualmente de las trabas de los ortodoxos de la Revolución. A la par que Escarrer puso su pie en tierra cubana el empresario catalán Guitart, de la hotelera del mismo nombre. Se asoció con Gran Caribe y tuvo durante tres o cuatro años cierta notoriedad. Pero harto del andamiaje burocrático, también hizo las maletas.

El dueño de Iberostar llegó a Cuba cuando ya se había ido Pueyo, poco después de que lo hiciera Escarrer y dos o tres años antes de la venida de Riu y Bahia Principe. Miguel Fluxá, analítico y alquimista, tardó en dar el paso en el negocio hotelero, pero no mucho en el negocio de las agencias a través de Cubatur. Con los años, Fluxá terminaría convirtiéndose en el nuevo Escarrer del turismo cubano. El gran aliado de la leyenda viva de la industria turística española fue Osmany Cienfuegos. Pero de ese momento y de otros cruciales como los de los celos que acabaron fulminando a Maciques, de la etapa agridulce de Obama y del dolor profundo de la partida de las cadenas hablaremos en un próximo capítulo. Alegrías y lágrimas negras del turismo cubano que Preferente vivió en primera persona.

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