Desde el cielo, las torres gemelas del Moon Palace parecen dos de la nutrida gama de armas que los ninjas utilizaban para atacar y defenderse de sus enemigos. También se asemejan a las aspas de un monumental abanico. Y a las hélices de un descomunal avión de la primera guerra mundial.
Pero nada más lejos de la realidad: esas torres son dos gigantescos hoteles construidos en forma de Y, cuyas habitaciones otean mayoritariamente la playa de Macao y el resto tienen como horizonte el campo de golf que acaricia a ambos edificios, tan colosales como similares.
El complejo Moon Palace de la familia Chapur ajena al vecino Hard Rock del otro Chapur se ha construido en un reducido espacio de terreno. La parcela se ha aprovechado al máximo con las alturas, inéditas en la zona, y con un peculiar campo de golf, diseñado en una estrecha porción de tierra. Los desarrollistas se han estrujados los sesos.
Es un proyecto que impactará cuando en breve abra sus puertas. Sus defensores dirán que no ha consumido tanto terreno como los otros resorts. Y sus detractores argumentarán que romperá con el modelo tradicional de baja altura tan arraigado en la zona y en todo el país.
Los Chapur distintos del Hard Rock, han mutado a Macao el estilo hotelero de Cancún y, por consiguiente, han ganado la batalla que mantuvieron en su momento con las dos grandes asociaciones hoteleras implantadas en República Dominicana, Asonahores e Inverotel, tan contrarias a las torres.
El Moon Palace impone porque todo en el es macro: la cantidad de habitaciones, el número de restaurantes y amenidades, los miles de empleados, etc. El tiempo dirá si este modelo de oferta hotelera es o no acertado. Lo cierto es que abrirá sus puertas en un destino con carencias notables en la red viaria y con el acueducto en el limbo.


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