En un momento en el que viajar ya no consiste solo en cambiar de escenario, sino en comprender el lugar que se visita, Costa Rica se posiciona como uno de los destinos que mejor traduce esta nueva manera de explorar el mundo.
Cuatro hoteles de Marriott International en Costa Rica proponen un recorrido por el país a través de sabores emblemáticos, tradiciones reinterpretadas, sostenibilidad participativa e historias fundacionales que conectan al viajero con la historia, la biodiversidad y el alma costarricense.
Sabores primarios del cacao y ron en W Costa Rica Reserva Conchal
En Guanacaste, W Costa Rica Reserva Conchal transforma el acto de degustar en una experiencia cultural. Su Rum & Chocolate Tasting propone un viaje sensorial que une el sabor del ron envejecido y el chocolate artesanal elaborado con cacao local.
Esta experiencia conecta con la profunda relación que las culturas mesoamericanas han tenido históricamente con el cacao. Considerado sagrado, utilizado como moneda y protagonista de ceremonias ancestrales, el cacao sigue teniendo hoy un significado espiritual para pueblos indígenas como el Bribri, para quienes representa conocimiento, equilibrio y vínculo con la tierra.
Este diálogo entre pasado y presente se extiende al propio diseño del hotel, concebido como una lectura contemporánea de Costa Rica en formas, texturas y símbolos: la marimba que marca el ritmo, la cerámica chorotega que habla de herencia, los bosques de Guanacaste. Caminar por el hotel es recorrer un relato visual del territorio guanacasteco.
Bienestar y naturaleza en Westin Reserva Conchal
The Westin Reserva Conchal propone una conexión centrada en uno de los atributos más reconocidos del destino Costa Rica: en el bienestar integral y el respeto por el entorno.
El resort es además el primer All-Inclusive de las Américas certificado como carbono positivo, un hito que demuestra que es posible operar un modelo todo incluido en armonía con el medio ambiente, compensando y superando sus emisiones.
Experiencias como yoga frente a uno de los paisajes de playa más emblemáticos del Pacífico costarricense, recorridos en bicicleta por la biodiversa Reserva Natural Conchal, rutas de senderismo guiado para descubrir fauna silvestre y árboles nativos, y degustaciones de café, que, más que un ingrediente, es expresión cultural que representa para los ticos.
Todo forma parte de un concepto de sensaciones alineado con la filosofía de la marca Westin, que invita a dormir mejor, moverse más, alimentarse de forma consciente y reconectar con la naturaleza.
Dejar huella y compartir con ballenas en El Mangroove Autograph Collection
En Playa Panamá, El Mangroove Autograph Collection invita a los viajeros a formar parte activa de sus esfuerzos de conservación a través de Leave Your Leaves, un ritual que combina sostenibilidad, participación y memoria.
Por las tardes, los huéspedes son invitados a plantar especies originarias como el cenízaro o el roble en macetas que luego conforman un mural vivo en el lobby del hotel. Meses después, estos árboles son trasladados a la Estación Experimental Horizontes, donde continúan su crecimiento. El gesto es sencillo, pero el significado profundo: dejar una huella positiva que trasciende la estancia. Esta experiencia se complementa con actividades acuáticas y una propuesta para explorar más a fondo el Golfo de Papagayo.
Los viajeros pueden embarcarse en paseos océano adentro para observar la vida silvestre marina (delfines, tortugas, mantarrayas y ballenas en temporada) en su hábitat natural y completa libertad.
Las olas también marcan el ritmo del Costa Rica, por lo que están disponibles clases de surf para todos los niveles, uno de los deportes más populares y que ha hecho famoso al país en todo el mundo.
Regresar al origen en el nuevo Santa Lucía Jungle Hacienda Autograph Collection
El viaje culmina con la apertura de Santa Lucía Jungle Hacienda Autograph Collection, un nuevo hotel que debuta este enero en Tárcoles, Puntarenas, en una rara zona de transición entre bosque seco y húmedo a orillas de un caudaloso río.
Santa Lucía no se presenta como un hotel, sino como un pueblo de antaño imaginado, inspirado en las antiguas haciendas y asentamientos que alguna vez poblaron esta región, con una arquitectura que se despliega de forma orgánica: edificaciones separadas por senderos, plazas que invitan al encuentro, una cantina donde se comparten historias y rincones que parecen descubiertos más que diseñados.
Aquí, el huésped no se orienta por pasillos, sino por el sonido del río, la luz filtrándose entre los árboles y el murmullo constante de la naturaleza. La narrativa de Santa Lucía se inspira en leyendas y relatos populares que han circulado en esta zona de Costa Rica: historias de exploradores, pueblos desaparecidos y tesoros ocultos en la selva, como la mítica búsqueda del oro del cacique Garabito.
Santa Lucía evoca el espíritu aventurero y poético de esas historias, invitando al viajero a imaginar, explorar y reconectar con la magia del territorio.
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