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1/20/2026

Costa Rica: un destino para descubrir en sabores, naturaleza e historia


En un momento en el que viajar ya no consiste solo en cambiar de escenario, sino en comprender el lugar que se visita, Costa Rica se posiciona como uno de los destinos que mejor traduce esta nueva manera de explorar el mundo.

Cuatro hoteles de Marriott International en Costa Rica proponen un recorrido por el país a través de sabores emblemáticos, tradiciones reinterpretadas, sostenibilidad participativa e historias fundacionales que conectan al viajero con la historia, la biodiversidad y el alma costarricense.

Sabores primarios del cacao y ron en W Costa Rica Reserva Conchal

En Guanacaste, W Costa Rica Reserva Conchal transforma el acto de degustar en una experiencia cultural. Su Rum & Chocolate Tasting propone un viaje sensorial que une el sabor del ron envejecido y el chocolate artesanal elaborado con cacao local.

Esta experiencia conecta con la profunda relación que las culturas mesoamericanas han tenido históricamente con el cacao. Considerado sagrado, utilizado como moneda y protagonista de ceremonias ancestrales, el cacao sigue teniendo hoy un significado espiritual para pueblos indígenas como el Bribri, para quienes representa conocimiento, equilibrio y vínculo con la tierra.

Este diálogo entre pasado y presente se extiende al propio diseño del hotel, concebido como una lectura contemporánea de Costa Rica en formas, texturas y símbolos: la marimba que marca el ritmo, la cerámica chorotega que habla de herencia, los bosques de Guanacaste. Caminar por el hotel es recorrer un relato visual del territorio guanacasteco.

Bienestar y naturaleza en Westin Reserva Conchal

The Westin Reserva Conchal propone una conexión centrada en uno de los atributos más reconocidos del destino Costa Rica: en el bienestar integral y el respeto por el entorno.

El resort es además el primer All-Inclusive de las Américas certificado como carbono positivo, un hito que demuestra que es posible operar un modelo todo incluido en armonía con el medio ambiente, compensando y superando sus emisiones.

Experiencias como yoga frente a uno de los paisajes de playa más emblemáticos del Pacífico costarricense, recorridos en bicicleta por la biodiversa Reserva Natural Conchal, rutas de senderismo guiado para descubrir fauna silvestre y árboles nativos, y degustaciones de café, que, más que un ingrediente, es expresión cultural que representa para los ticos.

Todo forma parte de un concepto de sensaciones alineado con la filosofía de la marca Westin, que invita a dormir mejor, moverse más, alimentarse de forma consciente y reconectar con la naturaleza.

Dejar huella y compartir con ballenas en El Mangroove Autograph Collection

En Playa Panamá, El Mangroove Autograph Collection invita a los viajeros a formar parte activa de sus esfuerzos de conservación a través de Leave Your Leaves, un ritual que combina sostenibilidad, participación y memoria.

Por las tardes, los huéspedes son invitados a plantar especies originarias como el cenízaro o el roble en macetas que luego conforman un mural vivo en el lobby del hotel. Meses después, estos árboles son trasladados a la Estación Experimental Horizontes, donde continúan su crecimiento. El gesto es sencillo, pero el significado profundo: dejar una huella positiva que trasciende la estancia. Esta experiencia se complementa con actividades acuáticas y una propuesta para explorar más a fondo el Golfo de Papagayo.

Los viajeros pueden embarcarse en paseos océano adentro para observar la vida silvestre marina (delfines, tortugas, mantarrayas y ballenas en temporada) en su hábitat natural y completa libertad.

Las olas también marcan el ritmo del Costa Rica, por lo que están disponibles clases de surf para todos los niveles, uno de los deportes más populares y que ha hecho famoso al país en todo el mundo.

Regresar al origen en el nuevo Santa Lucía Jungle Hacienda Autograph Collection

El viaje culmina con la apertura de Santa Lucía Jungle Hacienda Autograph Collection, un nuevo hotel que debuta este enero en Tárcoles, Puntarenas, en una rara zona de transición entre bosque seco y húmedo a orillas de un caudaloso río.

Santa Lucía no se presenta como un hotel, sino como un pueblo de antaño imaginado, inspirado en las antiguas haciendas y asentamientos que alguna vez poblaron esta región, con una arquitectura que se despliega de forma orgánica: edificaciones separadas por senderos, plazas que invitan al encuentro, una cantina donde se comparten historias y rincones que parecen descubiertos más que diseñados.

Aquí, el huésped no se orienta por pasillos, sino por el sonido del río, la luz filtrándose entre los árboles y el murmullo constante de la naturaleza. La narrativa de Santa Lucía se inspira en leyendas y relatos populares que han circulado en esta zona de Costa Rica: historias de exploradores, pueblos desaparecidos y tesoros ocultos en la selva, como la mítica búsqueda del oro del cacique Garabito.

Santa Lucía evoca el espíritu aventurero y poético de esas historias, invitando al viajero a imaginar, explorar y reconectar con la magia del territorio.

Expreso

Sabores y tradiciones del sur de Buenos Aires


En el extremo sur de la provincia de Buenos Aires, donde el viento sopla con ritmo de mar y las costumbres aún se viven en comunidad, Patagones -el caribe argentino- y San Cayetano -agreste y bucólico- resguardan tesoros poco conocidos.

Son destinos que no buscan el brillo del turismo masivo, sino el encanto de lo genuino: playas tranquilas, sabores costeros y tradiciones celebradas con orgullo. 

Los Pocitos: tierra de ostras 

Las otras llegaron a la provincia de Buenos Aires desde Japón. Un inmigrante de esa nacionalidad las trajo hasta el sur, a 80 kilómetros de Carmen de Patagones. El lugar que eligió para cultivarlas fue Los Pocitos, en la Bahía San Blas.

Los Pocitos, declarado Pueblo Turístico, se levanta sobre la ribera atlántica con espíritu marino y la vida gira en torno al mar y a un producto que se volvió emblema. El hombre que apostó a la producción ostrícola se retiró porque creyó que su proyecto había fracasado. Sin embargo, tenía razón. No llegó a ver lo que ocurrió con su iniciativa: convirtió a la localidad en el paraíso de las otras.

Durante la marea baja, por la ubicación en una bahía anegada, cuando el mar retrocede deja ver una postal única: los bancos de ostras más extensos de la región.

La especie no tiene depredadores y se reproduce con mucha facilidad. Los Pocitos fue reconocido oficialmente en la década de 1930. Debe su nombre a una antigua estancia que tenía cinco pozos de agua muy útiles para la comunidad en aquella época. 

Cada enero, el pago hace honor a su producto destacado en la Fiesta Provincial de la Ostra, un encuentro que convoca a pescadores, cocineros y visitantes con la pesca artesanal y los sabores de la costa como protagonistas: bailes populares, espectáculos musicales y los mejores platos. Entre los puestos de comida, los aromas de mariscos frescos, pan casero y vino blanco acompañan las charlas sin apuro, las historias de lugareños, las antiguas faenas y recetas heredadas. 

El Caribe argentino, mote que logró este destino turístico por playas amplias de arena calcárea blanca y aguas turquesas y cálidas, donde el muelle de madera con 240 metros construido para atracar los botes y que los pescadores pudieran embarcar sin mojarse genera un paisaje mágico.

Los Pocitos, Reserva Natural de Usos Múltiples, es un humedal de 16.000 hectáreas formado por un conjunto de islas, fundamental para la nidificación y migración de aves playeras como la gaviota cocinera y el flamenco austral. En esta área protegida se permite la pesca artesanal y deportiva, y quienes visitan el pueblo pueden sumarse a jornadas de pesca, paseos costeros y recorridos interpretativos que posicionan las técnicas heredadas de generación en generación; un lugar para sentir el pulso lento del Atlántico, redescubrir sabores auténticos y celebrar una identidad costera. 

San Cayetano: entre dunas, playas y bahías

En el sudeste de la Provincia y a 75 kilómetros de la ciudad homónima, el balneario San Cayetano sorprende con su ambiente agreste. Playas amplias, dunas, bahías, formaciones rocosas y  el ritmo pausado de sus habitantes, que hacen a la tranquilidad.

Los platos sencillos y frescos, con el sabor auténtico del mar, caracterizan a esta zona de la costa bonaerense. 

La Rubia de San Cayetano

La pesca deportiva, tanto de costa como embarcada resulta uno de los principales atractivos. Cada febrero, la calma habitual se interrumpe con uno de los certámenes de mayor trayectoria en la región: la 44ª edición del concurso "La Rubia de San Cayetano", organizado por el Club de Pesca San Cayetano. 

Desde la institución anticipan que este año la cancha de pesca será ampliada, hasta 21 kilómetros hacia el lado de Orense y otros 8 kilómetros en dirección al monolito, abarcando desde el arroyo Cristiano Muerto hasta el Pozo del Motoquero. 

Para la inscripción y premiación se montará un campamento en la playa. ‘El cálculo de cañas es difícil y el fuerte de las inscripciones es el mismo día del evento. En 2025 se inscribieron más de 700 entre el sábado y el domingo, y este año esperamos una alta concurrencia’, contaron del Club de Pesca San Cayetano.

San Cayetano invita a descubrir un modo de vida donde la hospitalidad rural y la sustentabilidad se entrelazan. Los proyectos turísticos locales promueven el cuidado del ambiente y el consumo responsable, reforzando la idea de que disfrutar también puede ser una forma de conservar. 

En Los Pocitos y San Cayetano, el turismo se vive con los cinco sentidos. Se escucha el rumor del mar, se saborean las ostras recién abiertas, se camina sin prisa y se respira la historia de una región que preserva su identidad con orgullo. 

Entre redes, fogones y fiestas, estos pueblos costeros demuestran que el sur bonaerense tiene mucho por contar: donde el mar no solo se contempla.

Expreso