La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) planteó que el próximo avance en seguridad aérea requerirá una integración más estrecha entre personas, tecnología y estándares globales. El mensaje lo dio Mark Searle, director de Seguridad de la asociación, en la apertura de la World Safety and Operations Conference (WSOC) 2026 en Estambul.
La conferencia se desarrolla hasta el proximo 8 de octubre con Turkish Airlines como aerolínea anfitriona, bajo el lema Performance Through People, y reúne más de 45 horas de contenido en cuatro ejes paralelos: seguridad, cabina, operaciones y gestión de crisis.
Searle recordó que la tasa de accidentes fatales pasó de uno cada 3,5 millones de vuelos a uno cada 5,6 millones en una década. Se trata de promedios móviles de cinco años: el primero corresponde al período 2012-2016 y el segundo a 2021-2025, según el último informe anual de la asociación. Aun así, el ejecutivo advirtió que 2025 dejó 394 víctimas fatales, y señaló que «el próximo avance en seguridad vendrá de que las personas, la tecnología y los estándares funcionen mejor juntos como un único sistema resiliente».
Esa cifra se compara con las 244 víctimas de 2024 y un promedio quinquenal de 198, con ocho accidentes fatales frente a siete el año anterior. El aumento se explica en buena medida por dos siniestros: el vuelo 171 de Air India, con 241 víctimas, y el vuelo 5342 de PSA Airlines, con 64, que en conjunto representaron más del 77% de las muertes a bordo.
Relevo generacional y cultura de reporte
Ante la llegada de una nueva generación de profesionales formada en el entorno digital, IATA fijó tres prioridades: la transferencia estructurada de conocimiento mediante mentoría, capacitación y planes de sucesión; la combinación de la experiencia operativa con las habilidades digitales y el manejo de inteligencia artificial de los nuevos ingresantes; y la protección de una cultura en la que se puedan reportar peligros, errores y cuasiaccidentes sin temor a represalias.
Tres preguntas para la inteligencia artificial
Sobre la adopción de nuevas tecnologías, la asociación propuso evaluarlas con tres preguntas: si ayudan a los profesionales a comprender lo que ocurre a su alrededor, si mejoran la toma de decisiones y si la operación puede seguir siendo segura cuando esa tecnología falla o se ve comprometida.
Searle citó como ejemplo el aumento de la interferencia en los sistemas globales de navegación por satélite (GNSS), que a su juicio demuestra que la tecnología debe estar respaldada por redundancia, procedimientos, capacitación y criterio humano.
Menos normas nuevas, más supervisión
El eje más crítico del discurso apuntó a la aplicación de las normas vigentes. Según IATA, buena parte de los mayores desafíos actuales proviene de una implementación y supervisión inconsistentes, no de la falta de estándares globales. El próximo salto en seguridad «no vendrá de redactar más estándares», afirmó Searle, sino de asegurar que los existentes «se entiendan, se implementen y se supervisen de manera consistente, en todas partes».
Como referencia, la asociación destacó el desempeño de las aerolíneas inscriptas en el registro IOSA. En 2025, esas compañías tuvieron una tasa de 0,98 accidentes por millón de vuelos, frente a 2,55 en las aerolíneas fuera del programa.
IATA propuso concentrar los recursos de supervisión en las áreas de mayor riesgo, reforzar el cumplimiento de los Estados en materia de información sobre zonas de conflicto y de reporte de accidentes, y simplificar y actualizar los requisitos para reflejar los cambios en tecnología, operaciones y regulación. Searle advirtió que, ya sea en seguridad en pista, interferencia GNSS, zonas de conflicto o investigación de accidentes, cuando uno de los tres pilares es débil «se reduce la resiliencia de todo el sistema».
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