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4/11/2021

Prevén colapso migratorio en El Caribe con 224.000 venezolanos para cierre de 2021

La migración venezolana crea problemas en otros países / Foto: Tal Cual

La diáspora sigue extendiendo la huella de venezolanos en el extranjero en 2021 y las cifras que se manejan hasta el momento advierten que la región de El Caribe podría ser especialmente golpeada por el flujo migratorio, reseñó Tal Cual.

De acuerdo con los números del Plan Regional de Respuesta para Refugiados y Migrantes de Venezuela (RMRP), para finales de 2021 unos 224.000 venezolanos poblarán los países de la subregión del Caribe, conformada por Aruba, Curazao, Guyana, República Dominicana y Trinidad y Tobago.

“Desde 2018, los países de la subregión del Caribe han acogido a un gran número de personas refugiadas y migrantes y a personas repatriadas guyanesas procedentes de Venezuela, y se prevé que a finales de 2021 se habrá acogido en la subregión a unas 224.000 personas”, indica un informe del RMRP.

Aunque 224.000 personas representen menos de un 5% de los 5,4 millones de migrantes venezolanos calculados por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), para los países caribeños es un peso difícil de cargar.

Los números oficiales hasta octubre de 2020 situaban a 17.000 venezolanos entre Aruba y Curazao, además de 114.500 en República Dominicana, 24.169 en Trinidad y Tobago, y 23.310 en Guyana. El verdadero problema queda en evidencia al comparar las cifras migratorias con las masas poblacionales de estos países.

Especialmente en las islas neerlandesas, la crisis salta a la vista. Aruba tiene una población de 106.000 habitantes y Curazao de 157.000, por lo que el porcentaje de venezolanos equivaldría al 16% del censo arubano y casi un 11% del curazoleño. Si se toman en cuenta ambas masas poblacionales juntas, la migración venezolana representa un 6,5%.

Dificultades

En condiciones normales, ya sería complicado para un territorio atender a un flujo migratorio equivalente al 6% de su población, pero en el caso de estos países, el problema se hace mayor debido al impacto de la pandemia por covid-19.

“Las comunidades de acogida de esos cinco países se han visto afectadas debido a su limitada capacidad de absorción y al impacto de la covid-19 en las economías que dependen en gran medida del turismo, mientras que un número cada vez mayor de personas de Venezuela ha aumentado la presión sobre los recursos y servicios públicos”, argumenta el reporte del RMRP.

Cuestión de recursos

Las comunidades de migrantes en cualquier país son particularmente vulnerables. Al no poseer la ciudadanía y en muchos casos residir ilegalmente, carecen de derechos básicos que el Estado garantiza a sus ciudadanos.

En este sentido, se multiplican las complicaciones para que un venezolano ilegal acceda a los sistemas de educación y salud de los respectivos países, mientras que encontrar trabajo legal es una tarea ardua. Como resultado, la población inmigrante es más vulnerable y necesita atención gubernamental. Es en este punto donde entran en acción organismos internacionales, que aportan fondos para atender la crisis.

“Los venezolanos se han vuelto cada vez más vulnerables y las necesidades básicas como alimentos, artículos no alimentarios, medicinas y refugio tienen una mayor demanda, lo que aumenta los riesgos de protección. Se anticipan impactos económicos duraderos sobre los refugiados y migrantes venezolanos”, advierte el RMRP.

Necesidad

Con respecto a Venezuela, tanto Acnur como la OIM pretenden recaudar un presupuesto de 1.440 millones de dólares para atender a una diáspora que, estiman, alcance los 8,13 millones de venezolanos fuera de su país.

De estos fondos, unos 40,7 millones serían destinados a El Caribe, con la intención de financiar proyectos en áreas de educación, seguridad alimentaria, salud, integración, nutrición, protección, alojamiento y asistencia monetaria.

Si logra concretarse la meta, Curazao recibiría unos 4,18 millones de dólares, una cantidad moderada al considerar el porcentaje de población que debe atender y lo mermados que están los ingresos en la isla por la paralización del turismo. “Es uno de los países más afectados por el desplazamiento de venezolanos”, concluye el RMRP.

Caracas / Tal Cual

12/27/2016

Venezuela: Fábrica de migrantes


En los últimos 15 años, unos 1,6 millones de venezolanos se han ido en busca de las oportunidades que dentro del actual contexto político, económico y social se hacen cada vez más escasas en suelo patrio.

La Venezuela del socialismo del siglo XXI dejó de ser un país monoproductor que ya no solo exporta petróleo sino que ahora lo hace también con personas. Dentro de la actual crisis política, económica y social que afronta el país, muchos son los que han optado por emigrar, en busca de la estabilidad y el bienestar que al igual que muchos productos de primera necesidad, se hacen cada vez más escasas. A falta de cifras oficiales, el sociólogo Iván de la Vega, quien desde el año 95 realiza estudios sobre tendencias migratorias, estima que entre los años 2000 y 2015, unos 1,6 millones de personas han dejado el país, en una oleada migratoria sin precedentes en la historia venezolana.

Fuga de talentos

De la Vega señala que de los venezolanos que emigran no tienen planes de regresar. "Muchos son jóvenes altamente cualificados en sus áreas de estudio, con post grados y maestrías, quienes se van sin planes de regreso".

La demógrafa Anitza Freitez resalta en su estudio "La emigración desde Venezuela en las últimas décadas" otra característica de la emigración nacional. "Se ha encontrado que Venezuela, aunque no figura entre los países con tasas más altas de emigración, sobresale entre los 30 primeros con las más altas tasas de selectividad (60,1%), medida como la relación entre el número de emigrantes calificados respecto al stock total de emigrantes", es decir, que más de tres quintas partes de los venezolanos en el exterior son personas con una alta formación académica y estudios de tercer nivel.

Freitez lamenta en especial la merma de la comunidad científica y profesional, particularmente en ciertas áreas especializadas como la de las ciencias de la salud, y destaca que en su mayoría, estos profesionales fueron formados con recursos del Estado, que sin embargo, no ha sabido brindarles las oportunidades para hacer de Venezuela una opción atractiva, mientras que países con programas de migración selectiva como Canadá, Australia o Nueva Zelanda, se han convertido en las mejores alternativas para profesiones en las áreas de la ciencia, salud e ingeniería. Solo en Canadá, la cifra estimada de venezolanos establecidos legalmente es de 30 mil.

Destinos

Estados Unidos continúa siendo la opción preferida a la hora de emigrar. Según el último Censo Nacional de Estados Unidos (Census 2010), el número de habitantes de origen venezolano pasó de 91.507 en el año 2000 a 215.023 en 2010. Estimaciones recientes ubican la cifra actual en 260 mil nacionales viviendo en tierras del norte (Incluye hijos de venezolanos nacidos en territorio estadounidense). La comunidad de venezolanos se concentra principalmente en el sur de la Florida, donde la ciudad de Doral, en el condado de Miami-Dade comúnmente llamada "Doralzuela", se ha convertido en uno de los destinos favoritos, y la única en todo Estados Unidos donde la mayoría de su población (20,62%) es de origen venezolano.

4/25/2015

Emigrar no es un crímen MANUEL SILVA-FERRER


Pero la historia y los procesos sociales suelen ser más complejos que las baladas y los boleros. De allí que el debate difundido en la redes tras la arenga de Lorenzo Mendoza a sus empleados: “nadie es imprescindible“, “yo estoy con los que no pueden irse a ningún lado“

Se ha desatado en estos días en las redes sociales un pequeño debate que hace ya algunos años está teniendo lugar de forma soterrada en Venezuela. Es una discusión que ha transcurrido de forma silenciosa en torno a la nueva emigración venezolana, enfrentando a los que se van con los que se quedan.

Al principio se trataba tan solo de problemas íntimos, propios de la esfera privada: rupturas, separaciones, pérdida de afectos, alejamiento o definitivo abandono, desarraigo, nostalgias. Pero con el curso de los años y la agudización de la difícil situación del país el diálogo triste entre los que se aventuraron al viaje y los que permanecen en el territorio ha dado paso a una especie de ajuste de cuentas marcado por el resentimiento.

La psicología y la música popular tienen un enorme catálogo de estas situaciones tan típicas de las separaciones bruscas: “si te vas, si te vas, ya no tienes que venir por mi, si te vas, si te vas, si me cambias por esa bruja, pedazo de cuero, no vuelvas nunca más, que no estaré aquí“, gritaba Shakira desconsolada a un novio que la había dejado por otra.

Pero la historia y los procesos sociales suelen ser más complejos que las baladas y los boleros. De allí que el debate difundido en la redes tras la arenga de Lorenzo Mendoza a sus empleados: “nadie es imprescindible“, “yo estoy con los que no pueden irse a ningún lado“.

Y la sentida respuesta ofrecida en twitter por María José Flores: “quienes hemos tenido que separarnos de nuestras familias (...) no merecemos que alguien que no está en nuestros zapatos quiera hacernos ver como los malos de la película porque decidimos cambiar “unos problemas por otros“, me permiten poner sobre papel una idea que ya he comentado en privado a varios amigos, sobre la tremenda injusticia que está comenzando a materializarse al tachar de traidores o desertores a quienes, más que abandonar el país, son empujados por las circunstancias a marcharse.

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