Turistas en el centro de La Habana.

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El turismo, una de las mayores fuentes de dólares de Cuba durante décadas, lleva tiempo en un declive que ahora se está agudizando.

La industria dejaba ingresos clave tanto para el gobierno como para cubanos de a pie y ahora está seriamente amenazada después de que muchos hoteles hayan cerrado y la llegada de visitantes sea cada vez menor.

Esto ocurre en un contexto crítico para la isla.

El país caribeño, de 9,6 millones de habitantes, perdió a su principal proveedor de petróleo tras la captura el 3 de enero del expresidente venezolano Nicolás Maduro, cuyo gobierno garantizaba el envío de combustible a la isla.

Poco después, la amenaza de Estados Unidos de imponer aranceles a los países que envíen suministros energéticos provocó la suspensión de conexiones aéreas, cortes de electricidad y una escasez de gasolina que evoca recuerdos del Periodo Especial, la grave crisis económica que siguió a la caída de la Unión Soviética en 1991, entonces principal proveedor de petróleo de Cuba.

A esto se unen problemas crónicos para generar electricidad por deficiencias productivas, plantas termoeléctricas obsoletas y una matriz energética poco diversificada.

El racionamiento y las restricciones de gasolina comenzaron el 7 de febrero y las consecuencias se extienden a toda la población.

El gobierno socialista de Miguel Díaz-Canel, cada vez más asfixiado por la falta de divisas con las que importar alimentos o medicinas, tiene poco margen de maniobra con la parálisis del turismo.