
Una semana en Lima da para mucho más que descubrir su famosa gastronomía. Desde la serenidad del Fairfield by Marriott Lima Miraflores hasta la sofisticación del Courtyard Lima Miraflores, este viaje permitió conocer una ciudad que combina arte, tradición, mar y modernidad con la calidez que distingue a la hospitalidad peruana.
Días 1 a 3: la belleza de la simplicidad en el Fairfield Lima Miraflores
Lima me recibió al atardecer, envuelta en su característica neblina costera. Tras un corto trayecto desde el aeropuerto, el Fairfield by Marriott Lima Miraflores se convirtió en mi refugio inicial: un hotel contemporáneo, funcional y cálido, donde cada espacio está pensado para el confort y el equilibrio.
Sus 147 habitaciones destilan calma, con tonos suaves, amplias camas y detalles prácticos que anticipan las necesidades del viajero moderno. En la terraza del Rooftop 128, donde me esperaba una cena de bienvenida con menú especial del chef, Lima comenzó a revelarse bajo una luz dorada que se perdía entre los edificios de Miraflores.

El primer día completo en la ciudad arrancó con un desayuno buffet frente al horizonte urbano, seguido de una visita guiada a la Huaca Pucllana, el antiguo centro ceremonial preincaico que se alza en medio del barrio como un testimonio de las raíces de Lima. A mediodía, un almuerzo en el propio Rooftop 128, con platos ligeros y frescos, fue el preludio perfecto a la visita del Museo Larco, en Pueblo Libre. Allí, entre piezas precolombinas y cerámicas mochicas, comprendí la profundidad cultural del país.
Las noches regresaban siempre al Rooftop 128, con su ambiente relajado y su carta variada que fusiona ingredientes locales con técnica contemporánea.
El tercer día, Lima me mostró su alma más artística. Tras un desayuno pausado, la jornada comenzó con un paseo por el Centro Histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad, donde los balcones de madera tallada y la Catedral de Lima evocan la elegancia de la antigua Ciudad de los Reyes. Más tarde, la visita al Museo de Arte Moderno de Lima ofreció un contraste estimulante: entre lienzos, instalaciones y esculturas, la creatividad peruana contemporánea se presenta sin complejos.

El almuerzo de bienvenida en el Rooftop 128 reunió sabores locales —ceviche, ají de gallina y causa limeña—, y por la tarde participé en una degustación de cócteles peruanos, descubriendo las sutilezas del pisco sour, el chilcano y otras mezclas con frutas andinas.
Días 4 a 7: elegancia, sabor y cultura en el Courtyard Lima Miraflores
El 11 de septiembre cambié de escenario y crucé apenas unas calles para llegar al Courtyard by Marriott Lima Miraflores, un hotel que combina la sofisticación moderna con la calidez del servicio peruano. Situado a pocos pasos del Parque Kennedy, el edificio de líneas limpias y amplios ventanales encarna la Lima contemporánea: cosmopolita, dinámica y con una energía contagiosa.
Su restaurante Bistró 400 fue el corazón de la experiencia. Desde el almuerzo de bienvenida hasta la cena a la carta, cada plato fue un homenaje a la cocina peruana moderna: insumos locales, precisión técnica y una cuidada presentación.

Al día siguiente, el chef del hotel nos llevó de la mano al mercado local, donde los colores y aromas del Perú se desplegaban sin pudor: ajíes, hierbas aromáticas, mariscos frescos y frutas tropicales. De regreso al hotel, participamos en una clase de cocina peruana, en la que aprendimos a preparar un ceviche clásico y un lomo saltado bajo la atenta guía del Chef Fernando. La jornada culminó con una degustación de cacao peruano, un viaje sensorial por las distintas regiones productoras del país.
El sexto día estuvo dedicado al ocio y a la exploración. Tras un desayuno relajado en el restaurante, paseé por Miraflores y Barranco, guiado el equipo de IK Tours. En Barranco, el barrio más bohemio de Lima, las fachadas coloridas, el arte urbano y el emblemático Puente de los Suspiros componen un paisaje encantador donde el pasado republicano convive con la creatividad actual.

Las cenas en el Bistró 400 fueron un cierre perfecto para cada jornada. Entre risas, buena música y un servicio impecable, Lima se despedía cada noche con su mejor versión: hospitalaria, sabrosa y elegante.
Lima, una ciudad con alma
Este viaje no solo me permitió conocer la Lima monumental y gastronómica, sino también la Lima cotidiana: la de sus mercados, sus calles vibrantes y su gente amable. Entre el arte colonial del centro, la vanguardia del Museo de Arte Moderno y la calma de los parques de Miraflores, descubrí una ciudad llena de matices que invita a volver.

El Fairfield by Marriott Lima Miraflores y el Courtyard by Marriott Lima Miraflores fueron, en ese sentido, dos caras complementarias de una misma experiencia:
- El primero, moderno, funcional y luminoso, ideal para el viajero que busca tranquilidad y conexión.
- El segundo, sofisticado, gastronómico y urbano, pensado para quienes disfrutan del arte de viajar sin prisa.
Ambos comparten la esencia de la hospitalidad peruana y el sello de excelencia de Marriott: servicio impecable, atención personalizada y una pasión por el detalle que hace de cada estancia un recuerdo imborrable.
Texto: Fernando Sánchez Pascual; fotos: FSP y cortesía Marriott
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