El casco histórico
Además de histórica y sublime, la ciudad le parecerá deliciosamente romántica. Alójese en la posada Casa Grande, impresionante y muy bien ubicada en pleno casco histórico. Al llegar le arropará el invencible deseo de caminar por los alrededores, y escuchar las historias que cuentan las viejas paredes de las casonas coloniales. Aún antes de desempacar, seguramente querrá entrar en la Casa del Congreso de Angostura. Después de la visita obligada a la Catedral, recorra la bella Casa Prisión de Piar a un costado de la plaza, la Casa de Antonio Lauro no muy lejos y el Centro de las Artes, que originalmente fue concebido como un cuartel y luego fue una prefectura.
Paseando al borde del río Orinoco
Luego de un inevitable descanso en su posada, baje caminando un par de cuadras hacia el Paseo Orinoco. Tiene un carácter único en Venezuela, firme y delicioso a la vez. Parece el altar de un culto misterioso al soberbio río, que lo ha mojado con sus leyendas a través de los siglos.
Aquí la arquitectura colonial española del casco histórico pasa a una mezcla de construcciones franco-caribeñas con edificios de dos pisos cuyo balcón superior aparece como escondido tras celosías de madera. La avenida se convierte en un corredor ideal para caminar por las aceras con una vista preciosa hacia el río. Acercarse al borde y observar con detenimiento la arena del río y las escalinatas de Puerto Blohm, donde se toman los bongos para cruzar a la población de Soledad. En un día normal podrá ver a un hombre bajando apurado por las escalinatas hacia el río para tomar un bongo con su herramienta de arreglar zapatos y una serpiente enrollada en su brazo.
También observará niños vestidos de domingo y escuchará una algarabía de gente comprando pescado y tomando bongos para cruzar el río.
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