12/10/2012

Viaje al origen del fin

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Estar en Guatemala es volver al origen. A mercados llenos de bordados y tejidos coloridos, a pirámides mayas que se mantienen intactas en mitad de la selva, a un lago majestuoso y verde, y a Antigua, una ciudad detenida en el tiempo. En Guatemala, los mayas calendarizaron el fin de esta era. Y lo que sigue es un viaje por el tiempo y sus transformaciones, un poco después del terremoto que afectó a este país y un poco antes del fin que tantos esperan.

Navego en la mitad del tiempo. Unas pocas semanas después del terremoto y unas pocas semanas antes del fin de esta era. Estoy en el corazón del mundo maya, atravesando el majestuoso y quieto lago Atitlán, rodeado de cerros verdes, volcanes y 12 pueblitos guatemaltecos, en una lancha que salta sobre el agua turquesa. Aquí los mayas predijeron para este 21 de diciembre el fin de una era, el último día del 13 B'ak'tun, según su calendario. Es decir, el fin de un ciclo de más de 5 mil años, cuando el sol se alineará con los planetas. Estoy en la mitad del origen del fin. Justo ahí estoy. Justamente yo. Al final, nada llega a tus manos por pura y simple casualidad: de alguna manera, también estoy en la mitad de mi tiempo. Justo después de un terremoto personal gracias al cual se derribó el mundo que creía real hasta ese momento. Un mundo donde trabajaba como enajenada, quejándome con Dios como si fuera un mesón de atención al cliente, rabiando en la porfía y la ceguera, repitiendo los mismos errores una y otra vez. Y justo un poco antes de entender por completo la matrix que vi después de ese sismo y que finalmente me abrió las puertas hacia una nueva conciencia de mi vida. Un viaje que me ha permitido ir desanudando las trabas que no veía y que al final estaban sólo en mi corazón. Eso pienso en el corazón del mundo maya. También, que nada llega a tus manos por pura y simple casualidad.

Texto y fotos: Pepa Valenzuela, desde Guatemala.