La llegada de visitantes extranjeros a la isla de Cuba se hunde en el primer semestre de 2026, debido al recrudecimiento de las sanciones y la falta de combustible.
La Habana hoy luce semivacía y silenciosa, reflejando el desplome de casi un 50% en el turismo internacional que ha dejado a miles de cubanos sin empleo en medio de la peor crisis económica de la isla.
Las calles de La Habana Vieja, que solían llenarse de música, salsa y visitantes extranjeros, ahora muestran persianas cerradas y restaurantes vacíos.
La que fuera la segunda mayor fuente de divisas de Cuba se enfrenta hoy a una parálisis casi absoluta provocada por el endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos y una escasez de combustible que asfixia al país.
Calles desiertas y hoteles fantasmas
El declive se percibe en cada esquina y los datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información, ONEI, confirman el desastre: la llegada de viajeros cayó abruptamente en el primer semestre de 2026.
Con una disminución superior al 50% respecto al año anterior, los principales mercados emisores como Canadá, Rusia y España han dado la espalda a la isla.
La estampa de los complejos turísticos en Varadero o los cayos es desoladora, con cerca del 73% de la planta hotelera inactiva o con operaciones reducidas a la mínima expresión ante la falta de huéspedes.
El costo humano de las habitaciones vacías
Detrás de las estadísticas de ocupación hotelera que apenas rozan el 13%, se esconde un drama laboral masivo. Más de 25,000 trabajadores del sector turístico han perdido sus puestos de trabajo de forma directa, mientras que el sector privado de los ‘paladares’, esos restaurantes locales llenos de sabor y transportistas autónomos se ha desmoronado por completo.
La crisis ha obligado a guías, traductores y profesionales con formación universitaria a buscar alternativas extremas en la agricultura o servicios municipales de limpieza para poder subsistir.
El éxodo se acelera también en el plano corporativo: la presión internacional obligó a grandes cadenas hoteleras a romper contratos y abandonar la gestión de decenas de propiedades estatales. Sin el músculo de estas firmas globales y con aerolíneas suspendiendo rutas por la imposibilidad de repostar combustible en suelo cubano, la isla caribeña contempla cómo su principal motor económico se apaga por completo.
