3/30/2026

América Latina y las consecuencias de la guerra de Irán para los viajeros

 


La guerra en Irán ya no es sólo un tema de rutina para los medios. Se convirtió en algo que ya se nota en la tarjeta de crédito y en el horario de salida de millones de pasajeros. Para quienes viajan desde y hacia América Latina, el conflicto se traduce en dos cambios concretos: precios más altos y conexiones más complicadas, sobre todo en los itinerarios que usaban el Golfo como puente entre Latinoamérica y Asia.

Las aerolíneas de Qatar, Emiratos Árabes y, en menor medida, Turquía, se habían consolidado como los nodos que conectaban Buenos Aires, Lima, Ciudad de México o Bogotá con Medio Oriente y el sudeste asiático, e incluso con destinos europeos. Ese esquema, que funcionó con bastante fluidez durante la última década, está completamente alterado por la guerra. Con el espacio aéreo de Irán, Irak y buena parte del Golfo declarado de alto riesgo, las rutas se desplazan hacia el norte y el este, y deben desviarse sobre Afganistán, Asia Central y Europa. Para el viajero argentino que quiere llegar al sudeste asiático, por ejemplo, la ruta vía un hub del Golfo ya no es tan rápida como hace un año. Y seguramente va a ser más cara.

Muchos tickets que antes anunciaban «una escala» pueden terminar requiriendo dos o tres conexiones, con esperas en ciudades como Estambul o Londres. Las cancelaciones de vuelos hacia el Golfo se pueden dar de manera repentina, lo que obliga a rearmar el itinerario a último momento. Para cualquier viajero eso se puede traducir en conexiones perdidas, noches en aeropuertos que nadie había presupuestado, y gastos de taxis, comidas u hoteles que la aerolínea no siempre cubre.

El otro factor es el combustible. La guerra en Irán interrumpió o restringió el paso de petróleo por el estrecho de Ormuz, lo que disparó los precios del petróleo. Ese aumento está llegando al precio del pasaje. Si bien las aerolíneas contratan seguros para garantizar la provisión de combustible a precios estables por un tiempo, a medida que la guerra se extiende esos seguros se renuevan y hay que comenzar a subir el precio de los pasajes.


Otro punto que afecta al tema del combustible es la reducción de los corredores aéreos eficientes. La guerra en Ucrania ya había cerrado gran parte del espacio aéreo ruso, y obligó a desviar rutas hacia el sur. Ahora el conflicto en Irán bloquea otro corredor estratégico, con vuelos todavía más largos sobre Asia Central. Más kilómetros recorridos significa más combustible consumido, y eso termina sumándose al precio final del pasaje, especialmente en rutas largas.

Desde América Latina, el impacto toma formas distintas según el destino. Las rutas hacia Asia que antes pasaban por Dubai, Doha o Abu Dhabi se están reemplazando por itinerarios vía Europa o Norteamérica, que son más largos y, en muchos casos, más caros. Las compañías que dependían de esos hubs han tenido que cancelar o reprogramar vuelos, lo que achica la competencia y deja menos opciones accesibles. Una conexión en Dubai o Doha todavía puede conseguirse, pero con más chances de retrasos, cambios de aeropuerto o cancelaciones tardías. Y aunque el viajero no tenga ninguna intención de pasar por el Golfo, el efecto dominó llega igual: el aumento general del combustible y la presión sobre la red de rutas globales encarece vuelos en particular los vuelos más largos que salen desde América Latina hacia Europa o Norteamérica, especialmente en temporadas de alta demanda.

Frente a este panorama hay que tomar más precauciones. Por ejemplo, elegir una tarifa con posibilidad de cambio, aunque cueste un poco más. Esto es algo que puede ahorrar bastante estrés si la aerolínea decide reprogramar o cancelar. Hay que revisar de manera muy frecuente el estado del vuelo con 24 o 48 horas de anticipación. Y antes de aceptar automáticamente una escala en el Golfo, vale la pena comparar opciones vía Europa occidental o América del Norte. Un itinerario más largo pero con menores posibilidades de cancelación puede terminar siendo mucho más eficiente en tiempo. Y les va a ahorrar mucho stress.

Por desgracias, todas estas alteraciones en la conectividad internacional obliga a dejar un margen en el presupuesto para imprevistos: una noche extra en tránsito, un cambio de hotel de último momento o una comida en el aeropuerto son gastos que hoy tienen más chances de aparecer. Los seguros de viaje requieren ahora una lectura más atenta: no todas las pólizas cubren cancelaciones por conflictos bélicos o reprogramaciones forzadas por la aerolínea, y la letra chica en esos puntos es clave.

Viajar de América Latina hacia Asia sigue siendo totalmente posible. Lo que cambió es que el camino se volvió menos previsible, los precios se ajustaron a una nueva realidad geopolítica, y la incertidumbre operativa pasó a ser un factor más en la planificación. El conflicto en Irán ya no es solo noticia de política internacional: se metió en los buscadores de vuelos y en el presupuesto de viaje de cualquier latinoamericano que quiera cruzar al otro lado del mundo.

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Huelga en Madrid-Barajas: cintas llenas y aviones sin maletas


La huelga del personal de handling que arranca hoy en doce aeropuertos españoles está provocando incidencias visibles en la gestión de equipajes en Madrid-Barajas, con aviones que están despegando sin equipaje y zonas saturadas, según ha podido saber Preferente (Otra huelga en los aeropuertos españoles amenaza la Semana Santa).

Fuentes sindicales apuntan que está siendo un “éxito rotundo”, y que la actividad se está desarrollando con limitaciones operativas. “Los aviones están saliendo sin maletas y los carruseles van llenos” (Dos huelgas en el handling de Aena ponen en jaque la Semana Santa).

En este sentido, las imágenes a las que ha tenido acceso este periódico confirman que las cintas se encuentran a rebosar de equipaje. La falta de personal llega incluso a provocar que las maletas queden apiladas unas encima de otras en el suelo debido a la falta de espacio.

CCOO, UGT y USO han decidido dar este paso tras el fracaso de las negociaciones con la empresa en el Servicio Interconfederal de Mediación y Arbitraje (SIMA). El conflicto tiene su origen en la aplicación de las tablas salariales y, especialmente, en la interpretación del diferencial del IPC y la garantía de poder adquisitivo recogida en el convenio.

Así, pese a que se consiguieron suspender los paros previstos para el fin de semana, de momento el resto se mantienen. En el caso de Groundforce, la huelga, de carácter indefinido, incluye paros parciales los lunes, miércoles y viernes en tres tramos: de 05:00 a 07:00, de 11:00 a 17:00 y de 22:00 a 00:00 horas.

Por su parte, en Menzies, donde los trabajadores están llamados a la huelga los días 2, 3, 4, 5 y 6 de abril, desde las 00:00 hasta las 23:59 horas, lo que agravaría aún más la situación. De no llegarse a un acuerdo, se extenderán a todos los sábados y domingos hasta el 31 de diciembre con el mismo horario.

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