El sistema aeroportuario de América Latina y el Caribe requerirá inversiones directas por 178.000 millones de dólares durante los próximos 30 años para soportar un volumen de 1.500 millones de pasajeros proyectado para el año 2045. La canalización de estos fondos exige llevar el nivel de gasto desde los 3.400 millones de dólares previstos para 2025 hasta un ritmo de 8.600 millones de dólares anuales hacia mediados de siglo.
Rafael Echevarne detalló la necesidad de este flujo de capital durante la apertura de la ACI-LAC/World Annual General Assembly en Lima. «Son 178 mil millones de dólares necesarios en los próximos 30 años para acoger ese crecimiento del tráfico», especificó el director. «Esto no es solamente una inversión costosa; esto genera empleo y, obviamente, estos pasajeros que van a venir contribuirán de una forma muy importante a nuestras economías», agregó.
El mercado aerocomercial de la región experimenta actualmente una desaceleración luego del rebote agresivo pospandemia. «Hemos crecido durante la primera mitad un 1,9 %; la carga ha crecido un 3,6 %, y es verdad que se está ralentizando el crecimiento del tráfico prácticamente en toda la región», describió el ejecutivo al presentar el balance operativo. La tendencia a la baja no se aplica a plazas específicas como Panamá y Brasil, donde las tasas de expansión se mantienen elevadas.
La proyección macroeconómica del sector anticipa una curva ascendente sostenida para las próximas dos décadas. Según ratificó el titular de ACI-LAC, «eso no quita que, a largo plazo, mantengamos un crecimiento del 3,1 % anual y que veamos que pasaremos de los 800 millones de pasajeros con los que esperamos cerrar este año a 1.500 millones de pasajeros en el año 2045». El avance requiere preparar el terreno para no saturar las rampas y pistas. «O sea, vamos a doblar el tráfico en pocos años», remarcó.
Los fondos privados están disponibles para iniciar la edificación de infraestructura aeroportuaria desde cero o ampliar edificios ya operativos. «Lo que necesitamos es ese permiso por parte de los gobiernos para que esas inversiones se lleven a cabo de forma eficiente y rápida», reclamó el directivo. La agilización de los trámites busca sortear los embudos administrativos de los organismos públicos que bloquean las obras físicas.
«Esta región es la región del mundo con mayor participación del sector privado en el sector aeroportuario», aclaró el referente de la asociación al analizar el ecosistema de concesiones. «Lo que pasa es que ya se nos han acabado los aeropuertos; entonces, hay que permitir la construcción de nuevos».
El volumen continental esconde problemas de reactivación grave en el plano nacional profundo. «Es verdad que América Latina y el Caribe fue la región del planeta que se recuperó más rápido tras la COVID-19», analizó Echevarne. «En un año y medio, aproximadamente dos años, ya estábamos en los niveles de tráfico anteriores a la COVID-19». La disparidad radica en que los grandes recintos recuperaron sus números comerciales, pero las instalaciones periféricas continúan operando a pérdida.
«Tenemos 133 aeropuertos en la región donde el tráfico, hoy en día, está por debajo de los niveles de 2019», alertó el orador frente a los delegados internacionales. El rezago impacta transversalmente en toda la matriz logística de las empresas concesionarias. «Hay 161 por debajo de los niveles de carga anteriores a la COVID-19 y 194 en cuanto al número de operaciones», apuntó.
La eliminación de itinerarios debilita el funcionamiento de los centros de conexión y aísla comercialmente a las provincias más alejadas. «Hemos perdido, como ven, 20 % de los pares de ciudades», precisó el representante de la entidad. «Y eso es muy dramático, porque esa pérdida de conectividad se centra, sobre todo, en los destinos regionales». De 3.959 rutas en 2019, ahora hay 3.303.
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