5/10/2024

Los manifestantes de Canarias colapsan Venecia y Atenas


La turismofobia se ha instalado en Canarias y aquí lo avisamos hace tiempo. Antes se implantó con fuerza en Barcelona y con mucha anterioridad lo hizo en Baleares, pioneros para lo bueno y lo malo. Los tres son destinos top del turismo español. En Málaga, por el contrario, los ciudadanos no han salido a la calle a protestar por la abundancia diaria de turistas en su casco antiguo. Resulta muy llamativo que en unas zonas turísticas haya protestas de sus habitantes en contra del turismo y en otras no. “Ca” uno es “ca” uno, como decía, entre otras frases para la posteridad, Rafael El Guerra, rey de la tauromaquia (Canarias: protestas multitudinarias contra el turismo de masas).

Para canarios, barceloneses y baleares, el turismo es el culpable del elevado precio del alquiler de los pisos y de la alta densidad del tráfico rodado. En la capital de la Costa del Sol el coste habitacional es igual de oneroso que en Palma, Ciudad Condal, Ibiza, sur de Tenerife y sur de Gran Canaria, pero no echan leña al fuego con los visitantes . En otras ciudades, —Sevilla, por ejemplo— la masificación turística es tan alta como en los lugares antes citados y con los mismos problemas. Está visto que cada uno lo vive y siente de manera diferente, según sus perspectivas y sus circunstancias. Los sociólogos, y los psicólogos, tienen materia para hacer un buen tratado.

Gracias a la industria puesta en solfa, la que más contribuye al PIB del país, esos destinos registran hoy una alta renta per cápita. El turismo no solo ha hecho ricos a sus actores destacados —los hoteleros, agentes y transportistas— y a los de segundo orden —ejecutivos y efectivos de todas las áreas—, sino que también a un sinfín de pequeños empresarios y autónomos que, a rebufo de la industria, han logrado unos patrimonios de cierta enjundia. Y ni que decir tiene que también se benefician los dueños de los pisos que alquilan sus viviendas a los turistas. Y los intermediarios, y tantos otros. Hablamos de hechos, pues, y no de opiniones.

Los que no han estado al tanto del crecimiento han sido las autoridades de todos esos destinos. El problema habitacional y de tráfico ya se veía venir desde hace tiempo en Mallorca, Tenerife y Gran Canaria. La saturación viaria del sur de Tenerife no es exclusiva, pues en Mallorca sucede lo mismo o peor en los meses de primavera a otoño. El Cabildo tinerfeño lleva lustros sin solventar una de las soluciones a la pesadilla de las retenciones, el anillo insular. Los gobiernos regionales y locales no se han reseteado en la misma proporción que lo han hecho los empresarios turísticos, que para los manifestantes son los destinatarios de las quejas. Y no es así (Mallorca sigue los pasos de Canarias: preparan protestas contra el turismo).

Los que protestan son de la misma extracción social e ideológica de los que se oponían a la puesta en marcha de las autopistas e incluso de las autovías. O sea, los que ahora piden que se amplíen los carriles. También forman parte de esa grey los activistas políticos que estuvieron callados cuando gobernaban los de su cuerda ideológica. En Venecia, Capri, Atenas y Dubrovnik la saturación aún es peor que en nuestro país y las manifestaciones se llevan a cabo sin tener en cuenta los colores de los partidos gobernantes. El turismo hace décadas que dejó de ser cosa de élites y la masificación llegó para quedarse porque todo el mundo tiene derecho a viajar.

Una de las principales soluciones pasa por controlar a los turistas descontrolados de Airbnb y similares, que son los verdaderos culpables del griterío nocturno y de las aglomeraciones en barrios. Y luego, entre otras medidas inmediatas, que regulen a los cruceros, turistas de horas que saturan las calles. El modelo turístico es muy difícil de cambiar. Todos formamos parte del turismo masivo, incluyendo los manifestantes, pues ellos también viajan, y colapsan/colapsamos, Venecia, Atenas, Capri y otros destinos aún más congestionados.

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