Lo que está ocurriendo con el turismo en el Perú parece pensado para conseguir que hasta el último turista salga corriendo del país. A este paso, ni siquiera los aventureros se van a atrever a viajar a un país cuyos atractivos están fuera de discusión (Perú: reabre Machu Picchu y se reanudan las operaciones aéreas).
Los problemas siempre vienen de la política, inestable como en ningún otro lugar de Latinoamérica, lo cual ya es decir. Antes del Covid, los cambios políticos eran importantes, pero no afectaron al turismo, solo a los ciudadanos. Sin embargo, con la pandemia todo se descontroló. Las medidas aplicadas fueron completamente desmesuradas en un país en el que aplicar la ley tiene de por sí graves dificultades. Los hospitales no fueron capaces tampoco de ofrecer una atención sanitaria aceptable, muy especialmente en el sur. Finalmente, con un balance económico devastador, el Covid parece estar en retroceso. Pero no los conflictos políticos.
Lo de este mes ha sido el bloqueo, aún persistente, de varios puntos del país, especialmente en la región de Arequipa y Cuzco. Así, el regreso a la normalidad va muy lento, con graves trastornos para los viajeros. Machu Picchu, uno de los mayores atractivos del país, ha sido bastante afectado.
Ahora parece que se podría producir una normalización, pero ello requiere que el Gobierno –o quien tenga autoridad suficiente– pueda controlar el orden público, la seguridad aeroportuaria y la red vial. Nada de esto parece inminente, con lo que el turismo, única fuente de ingresos para una gran parte del país, está en crisis.

Lo de este mes ha sido el bloqueo, aún persistente, de varios puntos del país, especialmente en la región de Arequipa y Cuzco.
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