Junto al mar, en la azotea de un edificio o en la naturaleza, se encuentra ese oasis. Durante el verano se convierten en el lugar para relajarse
Dejar pasar las horas en una hamaca junto a la piscina, tomando sol es el sueño de muchos.
En el valle de Valldemossa, en Mallorca, existe un lugar donde ese deseo se hace realidad. Finca Son Brondo es una posesión rural cuyos orígenes se remontan al siglo XI. El intenso verdor que proporciona el paisaje de la sierra de Tramuntana que la envuelve, se mezcla con el que brinda su jardín, cubierto de tilos y palmeras. El antiguo aljibe de la casa es hoy una espectacular piscina, cuyas aguas, continuamente renovadas, provienen de una fuente natural, un manantial.
En la isla existen muchos más remansos de paz, como Cap Rocat, un mundo aparte que encuentra acomodo en una antigua fortaleza militar. Instalada en sus murallas, tras las almenas, toda una sorpresa: una piscina de agua salada. Sus vistas a la bahía de Palma la convierten en un idílico mirador. También idílica es la Habitación de El Cabo, con tres terrazas a diferentes alturas, piscina privada y un gazebo de madera para contemplar la panorámica y dejarse mimar por la brisa del mar.
Entre viñedos se esconde el Hotel Torralbenc, en lo alto de una colina del municipio de Alaior, en el interior de Menorca. Piedra caliza, madera noble y tejidos naturales en tonos blancos y ocres dan vida a cada uno de los espacios de esta finca tradicional, con habitaciones y suites independientes, como la Pool Cottage, con piscina privada.
Este es, sin duda, un lugar muy recomendable para parejas, como lo es también La Garriga de Castelladrall, una casa de campo con vistas al macizo de Montserrat (Barcelona). Los turistas la visitan para conectar con la naturaleza y experimentar la verdadera vida en el campo. El antiguo pajar de la casa ha dado paso al comedor; la almazara, a una sala de estar, con chimenea en invierno, y la bodega, a un bar. Cuenta con 14 habitaciones de decoración rústica, y una piscina totalmente integrada en el entorno. Aunque esté al aire libre, es un rincón íntimo en el que reina el silencio.
Pero las piscinas no tienen que ser siempre sinónimo de calma total. Hay también hoteles que han hecho de ellas obligados puntos de encuentro, sitios de moda para darse un chapuzón entre cócteles, música y buen ambiente. Es el caso de las del W Barcelona, que se corresponden con las terrazas Wet, solo para clientes, y la Sun Deck, abierta a todo el mundo, con impresionantes vistas al Mediterráneo y tres exclusivas Wow Cabañas que se alquilan para grupos. En la temporada estival son el place to be de referencia.
Por su tamaño destaca también la piscina del Gran Meliá Palacio de Isora, la más grande de agua salada de Europa dentro de un hotel, que discurre en paralelo al paseo marítimo de este municipio del sur de Tenerife. En sus 7.500 m2 hay diferentes ambientes, para que puedan disfrutar tanto los mayores como los más pequeños, con sus respectivas zonas de restauración.
Sus aires caribeños nada tienen que ver con el estilo oriental del Finestrat (Alicante), con siete áreas de piscinas distintas, cada una con su propia denominación entre las que están Langkaw, Caras de Angkor, Zen, Thai Spa, dos del Thai Club.
Si tenemos que elegir perfectas camas balinesas nos decantamos por las de la Finca Cortesín, en Casares (Málaga), estratégicamente situadas junto a su impresionante piscina de 35 metros de largo. Construido alrededor de dos patios principales de proporciones palaciegas, el hotel, cien por cien andaluz, cuenta con 67 luminosas habitaciones, como la Pool Suite, Club de Playa y Spa, con cabina de nieve y piscina cubierta.
Fuente: Viajar

Sus aires caribeños nada tienen que ver con el estilo oriental del Finestrat (Alicante), con siete áreas de piscinas distintas, cada una con su propia denominación entre las que están Langkaw, Caras de Angkor, Zen, Thai Spa, dos del Thai Club.
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