5/03/2014

Aportes para el diálogo: ¿Hay puntos de coincidencia? / Por Ángel Lombardi / Rector de la Unica

-Quiere decir -sonrió el coronel Aureliano Buendía cuando terminó la lectura- que solo estamos luchando por el poder. -Son reformas tácticas -replicó uno de los delegados-.

Por ahora, lo esencial es ensanchar la base popular de la guerra. Después veremos.

Cien años de Soledad. Gabriel García Márquez

El diálogo iniciado será infructuoso en tanto las partes no se deslastren de la idea preconcebida de tener la razón de su lado. Por el lado del Gobierno nacional el mensaje es claro, ha sido electo y por lo tanto asume el derecho de implantar un modelo económico-social sin tener que negociar los elementos de fondo; en otras palabras, el socialismo no es negociable. Por el lado de la oposición, la MUD y representantes del sector privado tratan de calzar de manera pragmática en un modelo que no confía en ellos; mientras que otro sector ha optado por tratar de sacar de raíz un gobierno que representa un modelo anacrónico y perjudicial para el país desde su punto de vista. El diálogo se ha establecido, al menos de manera formal, entre el primero y los segundos.

Sobre la base de lo anterior, insistiendo en que el socialismo no es negociable, ¿qué oportunidades tienen de insertarse en el modelo propuesto por el ejecutivo nacional las empresas privadas y la MUD? Desde el punto de vista de las primeras, de acuerdo con el Plan de la Patria, el rol de las empresas privadas se enfoca fundamentalmente en la actividad de "pequeñas y medianas industrias privadas y de empresas conjuntas". Sería necesario establecer cuánto del aparato productivo nacional entra dentro de la categoría "pequeñas y medianas industrias privadas" y así evaluar la posibilidad real que tiene el sector privado de incorporarse el modelo propuesto por el Ejecutivo nacional bajo las condiciones que ha establecido en torno al socialismo.

El caso de la MUD es un tanto más complejo aún, pues de alguna manera esta organización representa los intereses electorales de la oposición, y específicamente a un conjunto de gobernadores y alcaldes, cuya razón de ser no se ve claramente vinculada a la visión que tiene el Ejecutivo nacional de la organización de los niveles de gobierno. En el Plan de la Patria se señala de manera explícita "la transferencia de competencias en torno a la gestión y administración de lo público desde las distintas instancias del Estado hacia las comunidades organizadas" (2.3.3.). Bajo el esquema actual de la MUD y lo que representa, no pareciera que exista mucha coincidencia con dicho enfoque.

Tanto en las empresas privadas como en el caso de la MUD se abre una interrogante: ¿Qué tanto están dispuestos a reinventarse estos sectores en aras de mimetizarse con un modelo ajeno? Por el otro lado, también surge una interrogante: ¿Hasta qué punto está dispuesto el Gobierno nacional a ceder en algunas de las características del modelo socialista? Es en esa flexibilidad y capacidad de adaptación en que reside el éxito que pueda tener el diálogo, de lo contrario, se trata de tácticas para acceder o mantenerse en el poder.

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