12/04/2013

Congo Mirador en peligro de morir por la sedimentación / Margioni Bermúdez


¡‘Chijito’ qué nos vamos a hacer, pa’ dónde nos vamos a salir cuando Congo Mirador se seque. Se me erizó la piel cuando vi esas casas cerradas, ese monte. Muchísima gente se ha ido. El sedimento es muy sucio, muy hediondo! En la mirada de Ayarith Coromoto Villasmil hay tristeza. Nacida hace 44 años en Congo Mirador, pueblo palafítico fundado por pescadores hace unos dos siglos, no se resigna a marcharse de las aguas que la han rodeado desde siempre.

La sedimentación amenaza de muerte a este pueblo de agua del Sur del Lago desde donde puede verse el Relámpago del Catatumbo, fenómeno de características únicas que lo hicieron merecedor de ingresar al Récord Guinnes.

En Congo Mirador la naturaleza pasa factura tras años de intervenciones inconsultas al ecosistema integrado por el río Catatumbo y los afluentes que se desprenden de esta vena gigantesca de agua que serpentea con fuerza descomunaldesde la vecina Colombia.

“A veces no duermo pensando. Mi esposo ‘Chijito’ y yo trabajamos mucho para construir esta casa, no deseara que se llegara ese momento. Lloro con mis dos hijos y les digo: No quiero que se acabe Congo. ¿De qué vamos a vivir si el sedimento está afectando la pesca?”.

Mientras narra la tragedia que se cierne sobre este pueblo ancestral nacido desde la entrañas del Lago de Maracaibo, asegura que “ya ni peces se consiguen en Congo. Si queremos comer tenemos que encargarlos de otro lugar, aquí apenas se agarran bagres pequeñitos. En el Lago no se qué estará pasando, antes agarraban 50 o 60 kilos de pescado, ahora 20 o 10 kilos, es mucha la diferencia. Los peces grandes también se terminaron”.

Su relato la regresa por momentos a la niñez. La imagen de su papá lanzando la red muy cerca de su casa está intacta. Su recuerdo es un tesoro. “Mi papá traía esas redes; provocaba ver tanto pescado. Mi mamá le decía: ‘Melquiades, quiero doncella, paletón’ y él lo traía”, cuenta al citar dos de las especies más apreciadas del Lago.

“Siento mucho dolor con lo que está pasando. No cambio la tranquilidad y la paz que tengo en Congo por nada del mundo, por eso me perturba la idea de tener que irnos”, sentencia angustiada.