6/06/2010

Venezuela turística (I)

Desde hace una década ya, hemos venido leyendo y escuchando por parte de los voceros del régimen que la actividad turística (para aquellos confundidos y ignaros en la materia que todavía no lo saben es una actividad económica del sector terciario y no una industria) se ha venido posicionando como una clara opción de desarrollo económico y social.

Nada más alejado de la verdad. Hemos visto el desfilar burocrático -que no gerencia eficiente- de innumerables titulares en el Min. Turismo, mostrándonos sus reiterados fracasos y omisiones y quizás en su descargo -no de todos, claro- debamos darle el beneficio de la duda a aquellos que han intentando cumplir sus funciones con el mejor de los deseos, pero que desafortunadamente no han logrado entender que para ello es necesario conocer la materia a fondo y, además, excluirla del debate político. Ambas cosas casi imposibles por parte de una administración desconocedora del tema y ebria de poder y exclusión.

Hemos visto pasar un largo etcétera desde aquel cursi, costoso y fracasado plan de la Ruta de la Empanada hasta esa "cosa" que llaman turismo revolucionario y humanista, lo cual es desconocido por los conocedores y estudiosos de la materia y que hasta hoy nadie ha podido explicar qué es, cómo se operativiza y mucho menos mostrar sus ventajas y eventuales resultados. Peor imposible.

No es nuestra intención que ante esta visible realidad estas líneas se conviertan en un debate estéril ni mostrar posiciones de desencuentro y es precisamente por esa razón que nos remitiremos a la opinión técnica y no parcializada del Foro Mundial de Turismo y a las conclusiones obtenidas por este neutral y reputado organismo en su último informe publicado.
El estudio en referencia abarcó todas las variables que a juicio de los expertos deberían ser evaluadas para establecer la metodología de investigación que luego concluiría en el ránking final. Factores como seguridad,  servicios públicos, las metas medioambientales, el capital humano, la competitividad y los servicios de atención al visitante fueron algunos elementos -entre otros muchos- que sirvieron de insumo para el estudio.

Los resultados no pudieron ser peores. Ocupamos el puesto 99 de 124 países, siendo en conjunto el destino peor valorado de América Latina y en otros aspectos de vital importancia ocupamos las últimas posiciones. Por ejemplo: En asistencia al turista (lugar 123 de 124), seguridad (123 de 124), condiciones para atraer inversiones directas (120 de 124), respeto a la propiedad (123 de 124) sólo alcanzando un lugar relevante en el aspecto de recursos naturales; algo ya conocido y por demás manoseado hasta el cansancio por los burócratas de oficio pero insuficiente para construir una actividad turística sólida y con futuro. Luis Eduardo Rodríguez / El Sol de Margarita / Mar de Leva


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