Roatán es una acogedora isla del Caribe que cautiva al visitante desde el mismo instante de llegada.
Hay razones: sol, ambiente de vida marina, gente acogedora, deliciosa cocina y naturaleza verde y azul por todas partes. 60 kilómetros de largo por 8 en su mayor anchura, rodeada por la segunda mayor barrera de arrecifes coralinos del mundo, después de Australia. 125 kilómetros de playas de arena blanquísima con aguas cristalinas, como una piscina natural. Ideal para ponerse la máscara y las aletas y salir a nadar o bucear para ver un imponente paraíso de corales.
Toda la isla se puede recorrer y atravesar de un lado a otro por carreteras, el ochenta por ciento es de topografía montañosa. Se ven mansiones de millonarios en los cerros y la costa, para observar los románticos atardeces.
“Eramos colonia de Inglaterra y ahora somos de Honduras, por eso hablamos inglés y español”, dijo Ana Reyes Molina, directora de mercadeo de Las Verandas Hotel & Villas, ubicado en Pristine Bay, en French Bay, un conjunto espectacular de confortables casas y habitaciones con piscinas, campo de golf y playas privadas.
Colón llegó en 1502 a Guanaja, isla vecina de Roatán y las encontró densamente pobladas por los indios Payas. Las islas fueron dominadas en diferentes periodos por ingleses, holandeses y españoles. Inglaterra después de dos cientos años, finalmente cedió el control de las islas a Honduras. “Fue un intercambio por Bélice”, supone Johnny Cooper, motorista de una lancha de Mango Creek Lodge, un resort de eco aventura que nos trasladó a Pigeon Key.

