3/01/2014

Carnavales sin máscaras / Por Eliana Pineda A. / Periodista / A tefa_127hotmail.com

Sé que en estos instantes turbulentos, nuestra indumentaria sería sin lugar a dudas, gomas, jean y franelas.

¿De qué se disfrazarán este año los muchachos? preguntaba continuamente mi madre para estas fechas con los amaneceres más coloridos del año. Siempre, con todo y limitaciones económicas que nunca faltaban, nos vestían con trajes de los personajes más impactantes de la historia, en mi caso, desde mujeres aguerridas como la hindú Indira Gandhi; la cantante del "pata, pata", Miriam Makeeba con su deslumbrante sombrero largo con una tempestad de lentejuelas; princesas egipcias, llaneras con alpargatas floreadas, bañistasantiguas; inquietas geishas, holandesas con suecos prestados, hasta andar trajeadas con vestidos de papel periódico, con este disfraz gané el primer premio infantil en el concurso anual del rey Momo a principio de la década de los 70, era un vestido hecho con el diario Panorama y tenía una correa y una boina multicolor, realizado con ingenio, curiosidad, destreza e inmenso cariño por las manos de mi bella Hermelinda.

Mi inolvidable hermano Fernando, todavía adolescente, diseñó para esa época una vestimenta modesta y práctica: un limpiabotas del pueblo, sin más artilugios que el cajón de madera de limpiar zapatos de mi padre, causando sorpresa por su originalidad y deliciosa espontaneidad. Eran tiempos de brillante luminosidad, de amores florecidos, alegre música, risas multiplicadas, sin nada que temer, con derecho a equivocarnos y rectificar sin mayores conflictos, ni complicaciones

Hoy en esta Venezuela de carnavales crucificados a la mitad de las incipientes madrugadas por una aguda escasez de alimentos, intensa inseguridad social, elevada inflación, permanentes abusos de poder, brutales torturas, presos políticos, miles de muertos por el hampa desatada, crisis hospitalaria, descarada corrupción, censura, persecución a la disidencia, y lo peor el desprestigio irremediable de un Gobierno en la decadencia, sin dignidad que lo reivindique. Mi madre hoy, nos vestiría de estudiantes, de gloriosos alumnos, líderes estudiantiles de un período histórico sin precedentes, imbuidos de vida, pasión y sueños posibles. Sé que en estos instantes turbulentos, nuestra indumentaria alegórica a las figuras más destacadas del momento, sería sin lugar a dudas, gomas, jean, franelas, gorras, con capacidad de resistencia, corazón ardiente, consignas poéticas y jocosas sobre una realidad derrumbada por el odio y el personalismo y sobre todo vestidos de jóvenes sin máscaras que escondan un contexto brutal, una generación si más indumentaria que sus implacables lecciones de humanidad.

Fuente: http://www.laverdad.com/

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