1/06/2014

El miedo condena la democracia / Por Joel Javier Escalante B. /Sacerdote

Una de las emociones más negativas que puede sentir el ser humano es el miedo. El individuo se inhibe y se hace disfuncional en medio de sus tareas y obligaciones. Es una emoción cargada de tanta química que se ve reflejada inmediatamente en nuestras condiciones físicas: temblamos, nos acaloramos, nos da taquicardia, y sentimos tan de cerca la adrenalina que nos detiene o nos impulsa a salir corriendo o a escondernos.

El miedo resulta del propio instinto y de experiencias de amenaza que ponen en riesgo la vida, el estatus, un privilegio, una condición, la familia, la amistad, la aprobación por figuras de autoridad, la aceptación social, el trabajo, lo económico, el amor y todo aquello que pueda causar una crisis existencial en el sujeto que se ve vulnerable a perder lo que le da orden y estructura a su vida.

La historia es la evidencia de la sumisión humana cuando el poderoso utiliza el miedo para mantenerse en cualquier sistema político. Los cristianos en tiempos de Nerón y los judíos en tiempos de Hitler son el testimonio de lo que puede lograr el miedo cuando el poderoso quiere más poder, pues tanto los cristianos como los judíos con la unidad y la fidelidad a sus verdades y tradiciones se liberaron del miedo y de la muerte.

Dicen los grandes especialistas que el miedo se pierde a través de la compañía de otros, esto nos indica entonces que en la unidad se puede vencer esta estrategia diabólica que humilla y degenera al hombre. Gran consigna la del inolvidable pontífice el beato Juan Pablo II, quien no descansó de invitar al hombre a perder el miedo. Hoy su frase, proclamada en su última visita a Venezuela, debe estamparse en el alma para nunca más volver a temerle al poder como en tiempos de las dictaduras vividas en América Latina.

El Papa nos insiste a los creyentes: "No tengan miedo", y es en la unidad como los venezolanos podemos construir la reconciliación y evitar que el amedrentamiento y las persecuciones coronen el éxito de quienes manipulan la democracia como frases bíblicas fuera de contexto. Libertad, unidad y verdad deben ser nuestra consigna para vivir la fe, para vivir la democracia y para que nunca más nuestros pueblos vivan acosados por el miedo y la persecución. Bien claro es el evangelio cuando Cristo nos dice a viva voz: "La verdad os hará libres" Jn 8,32.

Fuente: http://www.laverdad.com/

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